miércoles, 15 de febrero de 2012

(...)Y tenía razón ella: la que nunca conoció escuela, ni ataduras. Ella, la que sabía simularse los estados de ánimo. Ella, la que siempre decía que sí y terminaba haciendo lo que quería. Ella, la que nunca se ensució el alma con los rencores porque decía que si uno se pasa la vida odiando, termina muriendo envenenada por los pesares y entonces, se sufre el doble: se sufre lo que se sufre y se sufre pensando en lo que se ha sufrido. Tenía treinta y seis años cuando Jimena los perdonó a todos: a su madre por traerla al mundo y dejarla abandonada a su mala suerte, al padre que no conoció, al chulo por tantas palizas y tanta hambruna, al que la vendió como una bestia y al que pagó su precio, a los que le ensuciaron las ansías con sus espasmos de compradores de cariño, a los que le hicieron decirle que los quería cuando ella no  quería a nadie, al que la engañó y al que por no engañarla, la abandonó. Perdonó a los que la señalaron y a los que la miraron con desdén, al día de reyes que no tuvo, a la ausencia que se hizo su madrastra, al perro del policía que la mordió y a Marina Sampedro, por haberla hecho llorar cuando le dijo que era como una hija y la dejó en evidencia frente a todos aquellos que creían que ella no tenía corazón.

  • -Yo quiero la verdad aunque sea amarga – musitó Betulio.
  • -Tú lo que quieres es tener un motivo para compadecerte – contestó encendiendo su vieja pipa.
  • -¿Acaso tú nunca lloras, nunca te sientes mal, nunca tienes ganas de salir corriendo?

Jimena lo miró sin rabias y con el rostro templado por una tranquilidad sobrenatural, contestó sin alterarse:

  • -Dime qué coño ganas llorando, lamentándote o corriendo...¡pobre Betulio!...¡tan grandote y aún no sabe que la vida es de los que ponen la mejilla todas las veces que haga falta!...pero no para ser bueno, sino para demostrar que a una no le parte la cara quien quiere, sino quien puede (...)

14 comentarios:

José Alfonso. dijo...

¡Ay, de los llantos!¡Ay, de la verdad de cada cual si no es asumida con todas las consecuencias!
¡Ay, de ti, ay, de mí!

RAFAEL H. LIZARAZO dijo...

Hola, Zayi:

Después de todo, perdonar es aliviar nuestros propios dolores y también dejar de lado los rencores.

Abrazos.

De cenizas dijo...

Quien sabe aprender de la vida y se endurece, quizás no sea feliz, pero tampoco se amarga en exceso por no serlo.

Se te echaba de menos!!!!!!



besos, muchos.

Bosón de Higgs dijo...

¡Uff!,hay que ser una persona muy excepcional para perdonar todo eso aunque sea de verdad el camino,el verdadero camino.No te has dejado ni el perro del policía jeje,creo que se va a empachar de tanto perdonar,como eres Zayi...
Está muy bien eso de simularse los estados de ánimo,cuanta gente pagaría por tener ese don y es que hay personas que son como un libro abierto y se les nota mucho su estado anímico por mucho que pretendan camuflarlo de alguna manera y por último me ha parecido muy bien lo de la mejilla lástima que hayan muchos aprovechados en esta vida que siempre están dispuestos a rompértela,que le vamos a hacer.Me ha parecido como siempre muy bien escrita tu entrada y con muchos detalles para la reflexión,un placer zayi.Un besito para tí,bonita.

tecla dijo...

Pero qué bueno, Zayi. Cómo lo he disfrutado.
Lo mío es todavía mucho peor. No es que no quiera perdonar. Es que se me pasa el rencor y si quiero mantenerlo para que no me tomen por el pito del sereno es que me tengo que esforzar. Así que, cualquiera se considera autorizado para hacerme daño si le viene en gana.
Así no hay mérito posible.
Pero que me quiten lo bailao.
Qué bien escribes Zayi mía.

TORO SALVAJE dijo...

Quiero un póster de Jimena.

Firmado por ti, claro.

Besos.

Raúl dijo...

Qué mujer...

apm dijo...

Justo aquí delante mía Raul te ha escrito "qué mujer", y yo, es justo lo primero que he pensado después de leer el relato: !menuda mujer!!!... la verdad es que es positivo perdonar y vivir sin odios y sin rencor y sin envenenarse el ánimo, y desde luego seguramente será mejor vivir siempre con las verdades aunque sean amargas, pero no sé Zayi, yo preferiria quizá un poco de verdad caritativa entre tantas verdades amargas.
Me ha encantado leerte de nuevo tras un tiempito alejada de la bloguería.

Mil besitos gordotes

NáN dijo...

Saiduría de mujer que ha vivido y vive.

virgi dijo...

Me gustan estas mujeres, sabias y con mucho rejo.
Y quien las construye tiene mucho de ellas.
Besitos, querida Zayi.

peyote dijo...

Concuerdo con Virgi; sabia, sabiduría añeja, de tantos tiempos revueltos en las pisadas que calan dentro, a fuego lento y con furia, pero al final templan una maravillosa presencia difícil de olvidar y que exige ser bien querida, si me permites el termino. “La vidas es de los que ponen la mejilla todas las veces que haga falta”, una frase alentadora en un mundo déspota.

Fue un gusto pasar por aquí.
Saludos.

LA ZARZAMORA dijo...

Una mujer que ha aprendido a base de golpes, se endurece y encuentra ese equilibrio dulce, esa tranquilidad que sólo dan las cicatrices que ya no no dejan huellas en la piel.
Besos, mi princesa.

P.S. Me alegra verte en el banner!
:)

Sue dijo...

Jimena es mi nombre preferido, si tuviese una hija le pondría ese nombre. Y seguramente sería fuerte, sabia y bella, como la de esta historia.

Un beso.

Ambrosía ignota dijo...

Hola Zayi

Suele suceder, y a veces uno se percata en el momento preciso, también es bueno reconocer ciertos estados de ánimos, antes que estos nos gobiernen.

un abrazo,
hasta pronto