jueves, 26 de enero de 2012


(...)La arremetida fue violenta -susurró con un hilo de voz grave y un nudo inmenso en el gaznate y es que en momentos como esos, en los que se cuenta la vida de adelante hacia atrás, los nudos que ahogan las palabras son cuentas de rosario con misterios sin descifrar y letanías dolorosas- y es que uno nunca imagina las cosas que pueden pasar en veinte minutos -sonrió con amargura – a veces, sólo hace falta un segundo para que la vida te cambie y te arranquen el alma de cuajo. Estaba aturdida pero consciente cuando puso su mano en mi nuca y hundió mi cara contra la vieja manta. Olía a rancio. Él olía a rancio, a odio inexplicable, a cercenador de vida, a futuro impalpable, a muerte de vitrina. Sentí rabia de no poder moverme. Estaba paralizada, pero no de miedo, sino más bien de tristeza. Nadie se imagina lo fácil que puede ser vaciar a una persona y dejarla allí, hecha un guiñapo que ni siquiera es capaz de poder abrir los ojos-musitó- nunca en mi vida he deseado tanto morir como aquella noche. Recé, yo que soy atea, para que me matara, para que tuviera un ápice de piedad y no me dejase vivir con esa angustia para siempre...pero no lo hizo. Me levantó en peso y me fue vistiendo poco a poco. Luego, me subió al auto, me ató el cinturón de seguridad y encendió la marcha. Quise abrir la puerta y saltar, pero no podía moverme. Tenía la mirada perdida en la ventanilla y trataba de despertar de algo que me superaba. Recuerdo que pensé: “Estoy sola”-dijo con la voz quebrada- y lo estaba...nadie me hubiese creído entonces y cuando lo conté años después, casi nadie me creyó. Cuando se detuvo el coche, una fuerza interior me hizo saltar de allí y en aquel viejo mirador de  la gasolinera, vomité todo el asco que llevaba dentro. Vomité también en el suelo de la ducha, con un hilo de agua que caía con lástima sobre mi vapuleada humanidad y vomité toda la semana cuando corría al baño a secarme el sudor de las malas noches de sueños terribles ...y sabes qué... ni vomitando toda la vida, me hubiese quitado ese peso que desde entonces cargo en el cuerpo.

    Betulio la miró en la lejanía con el corazón achico-palado por una tristeza tan ajena y tan propia, que no sabía si era suya o prestada. Quiso acercarse y abrazarla, pero sabía que  Charo no era mujer de agradecer la lástima, así que la vio con los ojos aguarapados de llanto retenido y una mueca de resignación en los labios.

-Tardé mucho en volver a estar con alguien – dijo bebiendo un sorbo de ron que le quemó la garganta – y cuando tuve el coraje de hacerlo, procuré estar lo suficientemente borracha como para no enterarme de lo que estaba haciendo. La vida de una persona es como una caja de Pandora, Betulio... y cuando esa caja se abre, salen todos los demonios pero también las cosas buenas...a mi me la vaciaron completa en veinte minutos, ni siquiera quedó allí la famosa esperanza.
-¿Por eso estás aquí? - preguntó con voz ronca y serena.
-Sí...porque esto no es un burdel sino una congregación de goliardos...¿A cuántas mujeres allá afuera les sucede lo que me sucedió a mi?...me vas a contestar que a muchas y puede que sea verdad...pero yo no me he encontrado ni a la primera...en cambio aquí, cuando uno dice flor todas reconocen el aroma y saben lo que es vivir sin vida -masculló con desgano- aquí, cuando una llora a gañote limpio, el eco del llanto bajito de las otras, te va adormeciendo como una nana. En este lugar todas somos parte de una misma historia con distintos personajes (...)

8 comentarios:

Ambrosía ignota dijo...

Hola Zayi

Lo mismo digo ahora, en tan poco tiempo cautivas, no digamos estos personajes que están vestidos adecuados al contexto.

Me gusta como ha quedado todo por aquí, está muy bien puesto cada imágen, indudablemente hermoso el concepto

Un beso Grande

TORO SALVAJE dijo...

Impresionante.
Se me ha helado la sangre leyendo la primera parte.
Y el final es desolador.

Besos.

virgi dijo...

Muy triste, la esperanza no aparece por aquí. Y ella lo tiene más que claro.
Experiencias que nos marcan para siempre, cicatrices sangrantes.
Besos, Zayi querida.

Julián Sick dijo...

¡Gol! Imaginé que estabas en Facebook y no me habías olvidado.

Bosón de Higgs dijo...

Triste y vergonzoso de aquellos hombres cobardes que usan la fuerza bruta para satisfacer sus deseos con una mujer,ignorando el terrible sufrimiento que dejarán en el alma de aquella.Hay mujeres que llevan mejor su dolor y otras en cambio optan por la mala vida como forma de olvidar que un día perdieron su orgullo.Magnífico relato Zayi,espero que te encuentres mejor.Un besito guapa.

De cenizas dijo...

Un nudo en el estómago y todas la palabras solidificadas en los ojos se me quedaron....
Es que no se te lee, se te vive....


besos

tecla dijo...

Me pregunto de donde te salen estas historias tan profundas, tan oscuras, tan intensas. Tan tiernas y tan duras. Tan impresionantes.

Qué gratificante leerte, con tranquilidad y paciencia. Saboreando.

LA ZARZAMORA dijo...

Cuando huele a odio inexplicable y nos han muerto por dentro, ni el vómito es capaz de sostener tal desgarro.
Te aplaudo.
Besos, princesa.